Una voz creada por ordenador la llama cada semana, la escucha, se acuerda de todo. Usted recibe su voz. Ella recibe su libro.
Fue él quien me enseñó a montar en bicicleta, Antonio. Por el camino de la ermita, con el transportín clavándoseme en la espalda.
Me caí tres veces. A la tercera se rió, y yo también. No había para mucho, pero nos reíamos.
La verbena era en Villarrubia. Íbamos en bicicleta con la Pili. Bueno, yo no tenía bicicleta. Me llevaba ella en el transportín.
Antonio estaba allí, apoyado en la pared, con su cigarro. No me miró en toda la noche. Y yo pensé: pues él se lo pierde.
Demostración, voz sintética, palabras inventadas. Las familias oyen a su verdadera madre, con su consentimiento.
Fue él quien me enseñó a montar en bicicleta, Antonio. Por el camino de la ermita, con el transportín clavándoseme en la espalda. Me caí tres veces. A la tercera se rió, y yo también. No había para mucho, pero nos reíamos.
Siempre el mismo número, la misma voz. Entre quince y veinte minutos.
A la semana siguiente retoma donde lo habían dejado.
Desde la primera semana. No añadimos nada.


Ella relee su libro entero, en papel, antes que usted.
En letra grande, en su casa, con un lápiz. Corrige, quita lo que quiere. Solo entonces el libro le llega a usted.
Usted elige después de la segunda llamada, nunca antes.

Puede parar en cualquier momento, con devolución proporcional a las llamadas que queden. ¿Ya está en la prueba? Elija aquí.